8 jun. 2013

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NUESTRAS CIUDADES FUTURAS

            En la época del Renacimiento y hasta la Revolución Industrial, que en Europa empezó entre los años 1750-1800, la población del mundo era de 800 millones y estaba distribuida en poblados rurales con 1.000 y 10.000 habitantes y distintos tipos de ciudades entre 10.000 y 150.000 habitantes destacando algunas pocas ciudades con 300.000 habitantes.
            Todos estos asentamientos humanos (ciudades y poblados) en esencia tenían la misma estructura y coincidían que eran definidas en sus tamaños dentro de una escala humana, tenían una estructura clara y ordenada, una distribución funcional del uso expresando esto con la correspondiente forma arquitectónica, cuyo resultado era una unidad estructural y formal como una obra de arte que irradiaba belleza en perfecto armonía con su medio ambiente natural.
            Además de este papel estético que necesita nuestro espíritu, estos asentamientos humanos eran capaces de satisfacer enteramente las necesidades físicas que nuestro cuerpo humano exige.
            En estos asentamientos humanos no existían ni las contaminaciones ni ruidos, ni problemas de tráfico, ni inseguridad ciudadana, etc., sino utilizando sus calles, plazas, edificios religiosos, culturales y sociales, como el segundo hogar de sus habitantes, allí todo el mundo podía realizar su vida en plenitud y obtener su felicidad.
            Hoy, 200 años después, la población del mundo es de 6.000 millones (10 veces más) y el 50% de esta cantidad está concentrada en grandes ciudades e indefinidas conurbaciones y Metro y Megaciudades entre las que 30 tienen entre 8-25 millones de habitantes con una extensión de 50-100 Km. de diámetro y en las que se han fusionado de manera arbitraria en una aglomeración monstruosa y deshumanizada 30-60 ciudades y poblados existentes perdiendo todos sus caracteres, estructuras claras y ordenadas y formas definidas dentro de las que reinan el caos, atascos permanentes de tráfico, ruido insoportable, todo tipo de contaminaciones, inseguridad ciudadana, enfermedades psíquicas y físicas, etc.
            Ante este hecho negativo que se ha producido en el comportamiento y actividades del hombre sólo en un espacio de 200 años pero que según las estimaciones de las Naciones Unidas, este proceso aún no ha llegado a su techo, sino que continuando con este modo de vida, la población del mundo para el año 2050 puede alcanzar la cifra de 10.000 millones, 12,5 veces más de la que teníamos antes de la Revolución Industrial en el año 1800 y el 75% de ésta vivirá en distintos tipos de ciudades grandes, prevaleciendo las indefinidas conurbaciones, Metro y Megaciudades, algunas de ellas como la conurbación Atlántica de Estados Unidos, que se extendería entre Washington y Boston, que podría tener 50 millones de habitantes, salta a la vista que si en nuestras Megaciudades como Tokio, San Paolo, México City, Nueva York, Calcuta, Lagos, Shangai, etc., la vida ya es insoportable, permitir este desarrollo, donde en los próximos 40 años puede casi duplicarse la población del mundo y el tamaño de estos monstruosos laberintos llamados Metro y Megaciudades sería un suicidio, un acto imperdonable que nos obligará moralmente a evitar esta inimaginable catástrofe que afectará no sólo el futuro bienestar de la especie humana sino a todos los seres vivientes con lo que compartimos nuestra vida en nuestro planeta.
            Haciendo esto, como estos acontecimientos negativos son tan extensivos y entrelazados, tenemos que considerarlas como una enfermedad contagiosa y como tal, para su curación tenemos que buscar la causa y no sus efectos manifestados como están haciendo los malos médicos y nuestros organismos oficiales, organizaciones profesionales y sociales, humanistas, etc., quienes por sus papeles dentro de las sociedades están obligados de tratar este tema, pero hacen no buscando su causa sino según en su aspecto manifestado en diferentes campos y tratándolos rutinariamente, siendo esto la causa de los fracasos de sus congresos y conferencias internacionales y nacionales realizados en los últimos 50 años con distintos temas sobre nuestras actividades.
            Aprendiendo de estos hechos y como todas las actividades del hombre está determinada por su "filosofía del mundo y de la vida", el error y la causa de todos nuestros males y contradicciones es nuestra falsa "filosofía del mundo y de la vida" que por su exagerado materialismo ha creado una jerarquía de valores falsos de cuya realización por nuestro modo de vida, ha destruido el justo equilibrio entre la parte espiritual e instintiva de nuestra naturaleza especial humana del que está compuesta y que es el único estado para poder obtener la perfección humana y que permite para él vibrar, sin ninguna dificultad, al unísono con las Leyes de la Naturaleza y adaptar su comportamiento y actividades de manera natural y espontánea a sus principios.
            Basándonos en esta teoría y para evitar este desarrollo catastrófico que ocurriría si respetáramos sin crítica las demandas materialistas de nuestras sociedades de consumo, tendríamos que tratar nuestros problemas no en sus manifestados efectos negativos, sino en su raíz, que será el restablecimiento del justo equilibrio perdido de nuestra naturaleza psico-somática, que tenía el hombre en la época del Renacimiento y que como en aquel caso, anulará de manera natural y espontánea todos nuestros males y contradicciones.
            Desgraciadamente, tomando en consideración que la gran mayoría de los hombre de nuestras sociedades están absorbidas por nuestra falsa "filosofía del mundo y de la vida" y convencidos de sus valores relativos será muy difícil introducir esta justa filosofía lo que aún sólo existe en los mensajes y obras de grandes pensadores, artistas, poetas y científicos, quienes por sus sensibilidades y en la búsqueda de llegar a la perfección con sus obras son los pioneros de descubrir las contradicciones entre nuestras ideas y la realidad sobre la Existencia.
            En este ambiente, aunque por la rápida propagación de nuestros males sería necesario introducir ya esta filosofía como base para nuestro comportamiento y actividades, que cambiaría drásticamente nuestro criterio y práctica del desarrollo de nuestros asentamientos humanos (ciudades y poblados), la única cosa que podemos  y debemos hacer es encargar a estas personas rebeldes o renacidas, quienes ya poseen esta justa "filosofía del mundo y de la vida" y han logrado establecer el justo equilibrio entre la parte espiritual e instintiva de su naturaleza especial humana, que elaboran el tamaño, estructura y forma ideal de nuestros futuros asentamientos humanos, tomando como base únicamente las justas e intrínsecas necesidades espirituales y físicas de nuestra naturaleza psico-somática.
            Una vez obtenido esto, tendremos la solución ideal cuyo resultado nos serviría para compararlo con los resultados de nuestras "ciudades" basados en intereses económicos, políticos y caprichosos, que por sorpresa de los representantes de nuestros falsos criterios y prácticos, se demostraría que estas nuevas o remodeladas ciudades no sólo serían más funcionales, más bellas y más humanas, sino mucho más económicas en sus realizaciones.
            Este estudio que yo he realizado será como cualquier obra de arte, definida en su tamaño, ordenada en su estructura, funcional en su distribución y uso y expresiva y bella en su forma. Tenían que tener una escala humana y ser capaces de satisfacer y fomentar las justas necesidades psico-somáticas de la naturaleza humana.
            Para satisfacer estos requisitos, la ciudad no puede tener más que un millón de habitantes, siendo el tamaño ideal de medio millón de habitantes y todas aceptables por debajo de esta cifra.
            Pensando que hoy hay 1000 millones de personas sin hogar y que para el año 2050 la población del mundo podría tener 10.000 millones, lo que significaría la necesidad de construir en estos 50 años tanto volumen de construcción como actualmente poseemos, teóricamente existe la posibilidad de crear ciudades ideales nuevas para el 50% de la población del mundo, lo que desgraciadamente sólo podría realizarse si las autoridades y otros organismos, empresas, etc., aceptarían esta teoría y sus correspondientes soluciones arquitectónicas y urbanísticas desarrolladas por mí y posiblemente algunos otros arquitectos inquietos y preocupados por nuestro futuro.
            Mientras tanto, y para suavizar los efectos negativos, de nuestra práctica de desarrollo urbanístico de nuestros asentamientos humanos, lo que podemos hacer en este período de transición, frenar el crecimiento incontrolado e indeseado de nuestras Metro y Megaciudades, que se lograría con una política de descentralización, mejorando las condiciones económicas, sociales y culturales de nuestros poblados rurales y pequeñas y medianas ciudades comarcales y regionales logrando con ello frenar las tendencias de migraciones de estas zonas hacia estos núcleos ya sobrecargados.
            Como tenemos que construir tan elevado volumen de construcción en tan corta extensión de tiempo, tampoco sería difícil encontrar una posibilidad de realizar en algún lugar de nuestro planeta algunos de los prototipos de estas ciudades ideales, que como una imagen vale más que mil palabras, ayudaría a comprender la necesidad de cambio que abriría un nuevo camino con una dirección positiva, que por nuestra situación negativa no podría tener su efecto totalmente positivo y que esto tiene que acabar en destrucción nos servirá como ejemplo para los supervivientes, como muchas otras ideas de los hombres que no han podido prosperar en sus tiempos, pero que han dado sus frutos muchos siglos después para la humanidad.

Madrid 10 de Junio de 2013
Francisco Z. Lantos

Doctor Arquitecto

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