17 mar. 2011

SIDA

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El SIDA, terrible enfermedad de nuestra época que ha causado el pánico entre nosotros, es una desgracia.

Por otro lado, abre nuestros ojos ante la real causa de las enfermedades de nuestras civilizaciones y, a través de este ejemplo, llevarnos un poco más cerca del conocimiento de la Verdad sobre la Existencia.

Veríamos está con más optimismo, a pesar de todos los conflictos y sufrimientos que actualmente padecemos, por la infinita belleza, justicia y bondad que es el mundo en su esencia y por la luz que se vislumbra ante nosotros de la posibilidad de recuperar nuestra real y autentica naturaleza, el Amor Puro dentro de nuestra vida, y obtener una nueva alegría de vivir, resurgida de las cenizas de nuestro tiempo.

La repentina aparición y extensión del devastador virus causante de la enfermedad del SIDA, sólo podía regenerarse de su estado latente e inofensivo porque el medio ambiente creado por la antinatural y degenerada vida del hombre contemporáneo es propicio para ello.

Y como la causa real de la resurrección de este virus es justamente el hombre, quien con su vida equivocada ha destruido el justo equilibrio entre su vida espiritual y la instintiva y, con ello, ha perdido su capacidad natural de sentir y conocer la Verdad, en su insensibilidad e ignorancia hacia la esencia de las cosas, hace imposible de obtener el justo diagnóstico de sus males.

Todas las investigaciones actualmente realizadas se concentran en encontrar la vacuna para curar al enfermo y eliminar esta plaga, sin ninguna intención de hacer cambiar nuestra materialista “filosofía del mundo y de la vida”, restablecer la vida espiritual del hombre, rellenar su vacío mental con Fe, idealismo y alegría de vivir y restablecer con ello el indispensable equilibrio entre su vida espiritual e instintiva, causa primaria de ese virus como el de los otros que resurgirán si no logramos realizar este objetivo.

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