21 may. 2013

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¿QUÉ ES DIOS? La existencia o no de un Dios y la definición de su naturaleza, exige nada menos que el conocimiento de la Verdad. ¿Peor puede conocer el hombre con su vida limitada, tanto en la extensión del espacio como en la duración del tiempo, al Universo en su Real Existencia que para él parece ser infinito en ambos sentidos? Aunque este hecho por si sólo ya es suficiente para abandonar esta proposición tan ambiciosa; pero al mismo tiempo tan esencial para nuestra vida, que desde que el hombre tenía la facultad de razonar y reflexionar sobre el mundo exterior y su vida interior, él, no ha querido reconocer este obstáculo, y su mayor deseo y más importante objetivo fue el descubrir este secreto y obtener la Verdad. Estudiando estas Verdades, que la humanidad ha expresado a través de sus visiones místicas, ensayos filosóficos, estudios científicos, actividades artísticas, dramas y poesías, etc., encontramos gran variedad de pensamientos muy contradictorios pero también muchas “verdades parciales”, y si alguien sabe leer entre líneas, asimismo puede descubrir que las ideas de los verdaderos grandes hombres, sin tener en cuenta sus profesiones y el medio que usan para expresar éstas, siempre han coincidido. Esta idea común entre estos hombres, referente a la existencia Real del Universo, al que yo llamo Verdad, de un modo u otro, siempre gira alrededor del concepto que se tenga del AMOR. Para los místicos este AMOR es un DIOS personal, CAUSA de toda la Existencia, con quien experimentan una unión individual. Para los filósofos el AMOR es potencia, una naturaleza sin forma, por lo tanto no es personal, se manifiesta como fuerza creativa ordenando la evolución y el desarrollo del Universo. Este AMOR que es Causa y Efecto de toda la Existencia, cuando es sentido y no concebido intelectualmente, produce la unión entre el hombre y cada una de las partes del Universo en el que todo pierde su forma y su carácter, convirtiéndose en AMOR como la Única Realidad. Los astrónomos, biólogos, naturalistas, matemáticos y otros científicos quienes descubren el funcionamiento ordenado y armonioso del Universo, tanto en sus partes y a nivel individual como en el conjunto, a pesar de su gran complejidad, reflexionando sobre la utilidad y necesidad de esa armonía, también llegan a la conclusión de que esa Fuerza Creativa que se divisa detrás de esa perfección, además de poseer Conocimiento y Conciencia tenía que tener una naturaleza concreta, inherente y única, que para ellos, sin duda, tenía que ser AMOR. Pero cantar ese AMOR, la Causa y la Esencia de la Existencia, sólo saben hacerlo los artistas y poetas, quienes no estropean la experiencia directa y espontánea con el conocimiento fragmentario y parcial de su intelecto, sino que al entregarse a cada momento a la vida, reciben la Verdad por Intuición y consumen el AMOR a través de sus actividades creativas. En estas actividades creativas la fusión del artista con la Realidad Primera es tan perfecta que queda anulada su personalidad y sus obras son la expresión directa de Esa Realidad, del AMOR PURO. Ver, sentir y experimentar así la Verdad, como ya he apuntado anteriormente, sólo los grandes hombres han coincidido y estos tampoco han logrado expresarla siempre con claridad, pero un examen atento de sus obras refleja y demuestra este hecho. En mi búsqueda de la Verdad, que en esencia coincide con la de ellos, tiene mucha importancia esta coincidencia, ya que la validez de mi Verdad, obtenida por la experiencia directa con el mundo y la vida de manera espontánea, queda al menos parcialmente respaldada, lo que me anima a emprender la difícil tarea de traspasar mi experiencia al campo de la Inteligencia y explicarla basándome en la Razón. En este intento, como la primera definición de mi Verdad, diría que: La Causa de la Existencia Total del Universo es AMOR PURO como Naturaleza Única e Inherente, que en su estado de origen o prístino existía sólo potencialmente, sin forma y sin materia. Esta naturaleza, debido a su contenido, ni por un instante podía quedarse encerrada en sí misma sin contradecir su esencia, por lo que, en el mismo acto de este estado especial de su Existencia, tenía que emprender su Realización. El Universo es la manifestación tangible de la Autorrealización del AMOR PURO en su constante evolución dinámica desde y hacia su estado prístino de AMOR PURO, con el que se inició la evolución del mundo visible y aparentemente real, cambiando mientras el estado del AMOR PURO, a través de los infinitos seres animados, en el Amor individual, experimentando así todos los matices de su propia naturaleza. Esta es mi teoría, obtenida, primordialmente, por mi gran deseo de conocer la Verdad, que me impulso a meditar, observar y contemplar el mundo en que vivo, cuidar mi alma y mi cuerpo y amar todo lo que existe. Pero dejemos esto sólo como una mera hipótesis obtenida, eso si, por mi Intuición y no por mi Intelecto, cuyo papel ahora es demostrar que es buen servidor de su Amo, de mi Intuición, y merece su nombre. Antes de entregarme a esta ingrata empresa para mí, por saber, que la Verdad no es comunicable por palabras sino a través de la aniquilación del “ego”, en un estado contemplativo, en una unión perfecta con el Todo, recibido sin ningún esfuerzo como una visión sin palabras, tengo que confesar que este hecho ha sido la causa de porque no intenté, hace ya mucho tiempo, describirla. Durante muchos años poseo esta visión que me ha proporcionado mi Verdad, mi felicidad y mi sufrimiento, ya que se trata nada menos que de conocer la esencia del AMOR, saber que sólo esto existe, experimentar la Bienaventuranza de convertirse uno con él, pero al mismo tiempo quedar frustrado al no poder practicarla debido a la dificultad de comunicación verbal y la negación de recibirla por parte de mis congéneres. Para librarme de estos antagónicos sentimientos hace más de 20 años decidí dar a conocer mis ideas sobre “el mundo y la vida”, cuando descubrí que mi preparación científica para describir el funcionamiento del Universo, y mi conocimiento del comportamiento y las actividades humanas era deficiente, cuyas faltas no tenían mucha importancia para obtener la Verdad en mis meditaciones, pero no era así para su descripción. Para salvar esta dificultad tenía que completar mis conocimientos, especializados en arquitectura, empezando primero con lo relacionado con mi profesión, incluyendo el estudio de la estética, historia del arte y urbanismo, siguiendo con la filosofía, historia de las religiones, psicología, biología, ciencias naturales, astronomía, etc. En este largo camino de mi búsqueda me he dado cuenta de que hoy día la ciencia está dando pasos tan gigantescos que nadie puede estar al corriente de su progreso, y no sólo es imposible e inútil sino, muy peligroso y contraproducente, el intentarlo. En estas circunstancias sólo quienes tuvieran la capacidad de seleccionar entre los innumerables acontecimientos científicos y escoger sólo los esenciales con el fin de sintetizarlos en una unidad de conocimientos, serían quienes no se perderían en detalles y podrían ver con claridad el camino a seguir. Es peligroso intentar abarcar todos los descubrimientos porque exige un constante estudio de datos que sin experiencia propia son sólo conocimientos de segunda mano, restringidos y además descubiertos por especialistas quienes al profundizar sus estudios analíticos de detalle tenían que inventar un idioma técnico muy especial para expresarse, lo que dificulta aún más la comunicación. No es sorprendente hoy que un médico no especializado en neurología tenga dificultades para entender la descripción del sistema nervioso y el funcionamiento y la composición del cerebro humano, pero también es dudoso que el especialista, debido a su deficiente formación humana, sepa correctamente interpretar y valorar lo que con sus instrumentos ha descubierto. Debido a este hecho, que ocurre en todos los campos de nuestras actividades, muy poco valor pueden aportar nuestros descubrimientos, ya que su complejidad hace imposible digerirlos, con lo que quedan sin aprovechar, registrados en miles de tomos de libros para nuestro orgullo pero también para nuestro engaño. Durante más de veinte años desde que empecé a sentir la necesidad de chequear mis visiones obtenidas por la Intuición y me entregué a estudiar alguno de estos tomos muertos, yo también estuve engañado. No obstante, de algo me han servido estos estudios. Aprendí a través de ellos que todos los descubrimientos científicos en esencia apuntan en una sola dirección, a demostrar que en todas las partes del Universo, desde el subátomo hasta las galaxias, si se trata de elementos inanimados, o desde una célula viva hasta el hombre, si se trata de seres animados, están basadas y funcionan en orden y armonía tanto dentro de sus ámbitos de elementos o entes, como en relación con el conjunto, en donde cambian su papel individual para ser absorbidos en el orden y armonía de esta nueva Existencia que abarca Todo en el UNO. El estudio de la filosofía, de la ciencia, de las religiones y obras artísticas me ha servido para entender el comportamiento y las actividades humanas, a través de las que aprendí las causas de su ignorancia pero también de sus posibilidades para descubrir la Verdad que como veremos depende de su estado psicosomático el cual es un hecho interno y nada tiene que ver con los conocimientos exteriores. Después de este preámbulo, y pidiendo excusas a todos los profesionales especialistas por meterme en su campo sin el conocimiento suficiente, y por mi deficiente vocabulario y lenguaje para expresarme, doy la palabra a mi Intelecto para que explique mi visión espontánea y la convierta en una Teoría de Existencia. El valor de esta teoría no tiene que ser buscada en su demostración, que va a ser la misión de los verdaderos científicos, filósofos y artistas, sino en la misma hipótesis que servirá como programa y guía de trabajo para los especialistas en su búsqueda, con la finalidad de poder enlazar estos datos en una síntesis antes de empezar la labor analítica. Voy a tratar la Causa y origen del Universo, su funcionamiento y destino. Empezando con la causa y el origen, creo que, tal como funciona nuestra mente es lógico e inevitable suponer una Causa para cualquier tipo de existencia, y referente a la necesidad de una Causa de la Existencia del Universo, nadie dudaba. Donde ha existido siempre discordia entre las ideas de los hombres, era sobre su definición. Para reconocer la naturaleza de la causa de cualquier cosa en el mundo, tenemos que conocer el agente que ha operado sobre dicha cosa antes de que existiera. Los productos creados por el hombre, como cualquier obra de arte o artefactos, sabemos por experiencia que estaban realizados por el hombre, por su capacidad creativa para concebir primero la Idea y por su capacidad interpretativa para ejecutarla posteriormente. Este conocimiento nos puede servir como primer paso en nuestra búsqueda para conocer el Causante del Universo, ya que analógicamente tanto éste como las obras de arte creadas por el hombre tienen que reflejar la naturaleza y el carácter de su Causante. Haciendo esto, no obstante, nos encontramos con la primera dificultad, de que esta obra sólo podemos experimentar y conocer una ínfima parte de su Totalidad, como si algún ser inteligente, con una duración de su vida de un minuto, hubiera escuchado unos acordes del tercer movimiento de la Sexta Sinfonía de Beethoven, sin saber que existió un ser humano con don de creatividad, e intentará, basándose sobre esta efímera experiencia, sacar conclusiones y conocer a su verdadero Causante. Tendría mucha dificultad en descubrir a Beethoven en su aspecto concreto, pero no se equivocaría al pensar en que este causante ha creado una obra en la que los elementos de su composición, en este caso los sonidos, estaban relacionados entre sí en orden y armonía, en la parte por él escuchada, y que este producto actuó sobre sus sentidos agradablemente, y antes de morir cerraría sus ojos diciendo que lo que ha oído era bello. Pero esto significa que él, a pesar de su corta vida y de no haber conocido ni el origen ni el destino de la obra que ha escuchado, ha acertado en que Beethoven poseía una Fuerza Creativa que era la Causa de su obra, cuya importancia no consiste tanto en su forma sino en ese sentimiento agradable que experimentó y produjo su felicidad y demostró que el carácter de la Fuerza Creativa en esencia es AMOR. Según esta definición el “Causante de la Sexta Sinfonía en esencia era AMOR. Nuestros antepasados, quienes conocieron a Beethoven personalmente, ¿Podrían acertar más con sus definiciones, su carácter en esencia? Siendo la obra del Universo infinitamente más compleja que cualquier obra de arte creada por el hombre, por su extensión infinita en el espacio y tiempo, no podemos concebirla en su totalidad durante el corto tiempo de nuestra vida, sino sólo experimentar una parte de ella y concretamente la del medio ambiente en que se desarrolla nuestra vida. No obstante, siendo la obra expresión directa de su “Causante” y su naturaleza reflejada tanto en sus detalles como en su conjunto, la extensión del medio ambiente con el que nuestra vida se relaciona y el tiempo de su duración, es suficiente para que podamos experimentar su funcionamiento y conocer la naturaleza y carácter de su “Causante”. Observando primero estos detalles del “Gran Conjunto” que rodea nuestra vida, vemos que la existencia de una planta o de un animal cualquiera se desarrolla de forma creciente, en evolución, en un ciclo repetitivo que se inicia con una semilla o embrión para acabar en su desarrollo final otra vez en su estado inicial. Referente a este hecho, con el misterio de qué fue primero si el huevo o la gallina, el cual ha causado tantos problemas al hombre, veremos cuando centremos nuestro interés no en los detalles sino en el “Gran Conjunto”, en la Existencia Total del Universo, que esto no tiene importancia, ya que la verdadera Causa del origen de ambos estados va más allá de sus formas manifestadas. Empero, como la forma o la manera de desarrollo de todos los organismos vivos refleja el mismo principio, conocer este principio es lo que tiene importancia, ya que este conocimiento nos llevará a descubrir ese desconocido y supuesto “Causante” al que estamos buscando. Observando con esa intención una planta o un árbol cualquiera y empezando el ciclo de su desarrollo con la semilla descubrimos que, ésta sólo empieza su realización si se reúnen las condiciones exteriores que su especial naturaleza necesita. Sabemos que esto es alimentación especial y apropiada para cada especie, que en forma de proteínas, elementos químicos, etc. produce la Naturaleza. En nuestro caso estos elementos se encuentran en el suelo fértil, que si está suficientemente húmedo, la semilla romperá su cáscara y empezará a brotar. En este primer pasó y hasta que la semilla no eche sus raíces no puede absorber ningún alimento, pero esto está resuelto por la reserva del mismo que existe en su citoplasma. Una vez consumido este alimento o energía, hablando en términos abstractos, la plantita habrá desarrollado sus finas raíces y habrá subido con su tallito a la superficie. Desde ese momento toma contacto con su medio ambiente y aprovecha sus dones y facultades innatas de poder absorber elementos orgánicos a través de sus raíces del subsuelo, y la energía solar a través de sus hojas convirtiéndola en proteína para su alimento, la planta empieza a crecer y evolucionar hacia su realización. De una semilla de trigo siempre saldrá trigo y de una semilla de olmo siempre saldrá un olmo, y la evolución siempre seguirá el orden preestablecido para alcanzar cada especie su perfección en cada momento de su desarrollo. Para que un árbol dé su fruto tenía que desarrollar primero su tallo, sus ramas y sus hojas y sólo cuando se robustece suficientemente produce sus flores para que éstas sean fertilizadas y convertidas en fruto, guardando en su interior la semilla su existencia futura. Antes de pasar a examinar el ciclo de desarrollo del orden vegetal al del orden animal tenemos que ver si este ejemplo nos puede aclarar y demostrar, qué es ese principio al que el origen y funcionamiento del “mundo y de la vida” obedece y ver si esto refleja la Naturaleza y el Carácter del Causante. Haciendo esto tenemos que recordar que una planta es un ente animado y como tal posee un cierto grado de conciencia y sentimiento, cuyo bienestar depende de sus dones y facultades interiores de su naturaleza y de su medio ambiente, en que, mas que relacionada, está integrada. También hemos visto que, a pesar de la enorme complejidad de esta interacción entre su naturaleza interior y su medio exterior, todos los factores necesarios para su pleno desarrollo existen y coinciden no sólo para su propio bien sino para ese medio ambiente que son otras vidas y que se alimentan de sus frutos, y que, gracias a su capacidad de convertir la energía solar a través de su cuerpo en proteína, inició la cadena y mantiene la evolución de los nuevos seres animados. Admirando esta perfección con la que está concebido nuestro planeta, el desarrollo de su vida en sí y en relación con su medio ambiente, si se mira como una obra de arte, demuestra indiscutiblemente la existencia de una Fuerza Creativa con un conocimiento e inteligencia absoluta detrás de esta manifestación. Esta observación es verdad y hubiera sido suficiente si el productos de la actividad creativa hubiera sido una obra de arte en la que los elementos de la composición hubieran sido elementos inanimados; colores, sonidos, movimientos, etc., como es el caso de la pintura, la música, la danza, etc., pero aquí, donde estos son entes animados con sentimientos, ese orden y armonía, que existe entre sus elementos, es importante, no por el resultado artístico de la obra sino indispensable para el bienestar de sus vidas. Y es, este deseo de producir este bienestar, el verdadero principio que existe detrás del desarrollo de la vida de nuestro planeta y que en esencia es AMOR, que como hemos visto en el caso de Beethoven era su Existencia Real y aquí es la Realidad Primera que exige su Realización, Para lo que la Fuerza Creativa y el Conocimiento Absoluto son sólo algunas de sus facultades. ¿Y que decir de la naturaleza perfecta de un insecto, de un pájaro, o de un pez, o de cualquier animal sobre la Tierra?, unos tienen órganos más sencillos, otros más complejos, unos viven en el aire otros en el agua o en la tierra, pero todos reflejan los mismos principios que los de nuestra planta, a saber, que tanto las formas y construcción de sus órganos como el sistema de sus organismos son apropiados para sus vidas particulares y funcionan con absoluta perfección. La sencillez o complejidad del organismo y la forma y construcción de cada uno de los órganos de cada ser animado es adecuado para su vida particular con tanta perfección que cualquier mínima modificación de ellos causaría el malestar o la destrucción del individuo. Aunque todos tienen que alimentarse, ver y oír para orientarse, etc., no son iguales sus órganos para realizar estas funciones. Los dientes de un animal carnívoro son muy diferentes de los de un herbívoro, que en el caso de los pájaros se cambian por diferentes tipos de picos, en el que los insectos por órganos para chupar, y en un ser unicelular se simplifica a tal extremo que desaparece para convertirse en uno con su aparato digestivo. Esta misma diferenciación existe también en sus otros órganos, desde percibir la luz sin ojos, a través de su sensibilizado cuerpo, en el caso de seres unicelulares, pasando por todas las perfecciones, siempre exigidas por el tipo de vida de cada especie, llegando hasta el ojo del águila, cuya existencia depende de su vista. Intentar cambiar el ojo de un águila por el ojo de un cangrejo, el sistema reflejo y el oído de un murciélago por los de una tortuga, sería una broma fatal, una muerte segura para todos ellos. Pero esto no se da nunca en la naturaleza, ya que todos sus elementos, tanto los materiales inanimados como los seres animados, obtienen su forma y caracteres particulares por la Fuerza Creativa de la Realidad Primera, del AMOR PURO, en su proceso de Autorrealización, lo que significa que en esencia son idénticos con Él, son la materialización de la Naturaleza del AMOR PURO y sólo obtienen sentido sus existencias dentro de ese Cuerpo Único que abarca Toda la Existencia. Aquí el papel que juegan es distinto, ya no son protagonistas como lo eran antes sino pierden su “personalidad”, como los sonidos particulares de la Sexta Sinfonía de Beethoven, para cumplir una nueva misión en el conjunto, el mantener el orden y armonía de la misma obra por la que ellos han obtenido su razón de ser, y como en el caso de la Sexta Sinfonía de Beethoven, los sonidos, para el éxito, tenían que obedecer a la Fuerza Creativa de su Autor, que él estableció en su partitura para sus intérpretes, así, ese orden y armonía que existe en todos los niveles del Universo, tanto en sus partes como en su conjunto, exige detrás de éste una Fuerza Creativa, su Causante o Engendrador, de los que tengo que deducir que Éste no sólo tenía Conciencia, Inteligencia y Fuerza Creativa para realizar perfectamente una obra tan compleja como es el Universo, sino, estando esta obra compuesta también de elementos y entes sensibles, tenía que poseer una Naturaleza que por su sustancia misma obligará a sus facultades de ejecución al éxito rotundo de sus actos, ya que de esto depende el bienestar de sus vidas, y esa Naturaleza sólo puede ser el AMOR en su estado PURO que, como es un sentimiento, tenía que Realizarse para poder actuar y extenderse sobre algo sensible, siendo así Engendrador, la otra cara de su propia Naturaleza que, al tomar forma se expresa como Belleza. Prescindiendo de los detalles que, en la evolución de la Autorrealización del AMOR PURO, se manifiestan; la EXISTENCIA REAL o el Universo es el constante juego del AMOR que en su estado de origen es Consciente de su Naturaleza y se manifiesta como Fuerza Creativa, y en su estado de realización es sintiente de ella y se manifiesta como Belleza. Pero como esta relación no es estática sino dinámica y evolutiva, hay un constante cambio en su carácter. Como la semilla de una planta, también el Universo nace de la potencia acumulada dentro de su estado de origen que sirve para iniciar su evolución, que consumiendo esta energía sigue su “código genético” inconscientemente, pero dirigido hacia su estado de origen, en el caso de las plantas, a sus semillas y en el caso del Universo hacia la recuperación consciente de su Real Naturaleza, hacia el estado PURO del AMOR. Sólo así tiene sentido y explicación la infinitud en extensión espacial y duración del tiempo del Universo, ya que siendo éste en esencia AMOR, tiene que extenderse “ad infinitum” y abarcar TODA la EXISTENCIA, y por su propia Naturaleza tiene que realizarse eternamente, ya que en su Estado Puro, cuando es consciente de su perfección y grandeza, no puede quedarse encerrado en sí mismo, ni un instante, sin contradecir, con ello, su propia Naturaleza y cuando inicia su Realización y pierde su Conciencia, su deseo le fuerza a recuperarla, repitiéndose así infinitamente su ciclo (ver HOJAS 1 y 1/A del Anexo). Llegando a esta conclusión, mi contestación a la pregunta de ¿Qué es Dios?, tiene que ser la misma que la de todos los grandes místicos, poetas, filósofos y hombres de ciencia, de que: Dios es AMOR. Pero aunque mi afirmación es la misma, es posible que exista una diferencia entre el significado que yo le doy a ella y lo que se entiende comúnmente. Para mí, lo que existe esencialmente es AMOR, con su correspondiente naturaleza, y Dios es sólo su nombre, si queremos nombrarlo, y para muchos místicos, filósofos y hombres comunes, Dios es el substratum y Amor su Naturaleza. Para ellos, Dios es la Causa de la EXISTENCIA, es el Creador del Mundo, y como tal no es uno con él, sino su dueño. Para mí, no hay un Creador fuera de la obra creada, sino que el Creador y su obra son la misma cosa, son las dos caras de la Realidad Absoluta, la del AMOR, que es la Causa y Causante de su EXISTENCIA. Esta explicación por parte de mi intelecto puede parecer confusa y quizás panteísta, sin embargo, en esencia, coincide con las teorías de todas las grandes religiones y de las enseñanzas, entre líneas, de todos los grandes profetas y poetas como el Cristianismo, también yo admito personificar esta Fuerza Creativa del AMOR PURO que, además, al formar parte de nuestra naturaleza puede liberarse dentro de nuestra vida y convertirnos en su portavoz, en el “Hijo”, como ha ocurrido con Jesucristo, Laotse, Krisna, o cualquier otro sustituto del “Padre” aquí abajo, para realizar la voluntad del “Espíritu Santo” que representa esa Fuerza Creativa impersonal y sobrehumana que posee el AMOR en su estado PURO. (ver HOJAS nº 2 y 3 del Anexo) Esa descripción de Dios, pobre en comparación con la que yo veo y siento en mi estado contemplativo cuando logro eliminar el mundo exterior y obtener mi paz interior, a pesar de todo, si he podido crear algunas inquietudes en quienes se han molestado en leerme, he logrado mi objetivo, porque la garantía de conocer la Verdad es esa inquietud que le lleva a uno a un conocimiento directo y experimentado, y no obtenido de segunda mano. Con este tipo de espíritu abierto e inquieto, sin hacer caso a mis pruebas y tomando sólo como hipótesis mis experiencias sobre la EXISTENCIA de que, AMOR es la única Realidad, y meditando sobre su significado vemos cómo tenía que ser el Universo y qué papel tendría en él, el Dios? El AMOR en su estado PURO e inmaterial, sería sólo un sentimiento en forma de energía, e identificándose con su única e inherente Naturaleza de la que sería Consciente, le impulsaría a la iniciación inmediata de su Realización. Este AMOR potencial, sin cuerpo, tendría que Corporizarse para poder extenderse sobre algo sensible, y amar para encontrarse a sí mismo. Pero ese algo, que nacería con la iniciación de su Realización, llevaría su sello y carácter y sería su otro estado, manifestado y Corporizado. En principio, en el acto de la explosión, La Conciencia del AMOR PURO, cumpliendo su misión de expulsar de su interior su Identidad, e iniciar su evolución, se anulará, convirtiéndose en Fuerza Creativa para llevar a cabo su Voluntad, que en este primer transformación se reducirá a energía física, manteniendo sólo de su Conciencia, a través de sus leyes de gravitación y magnetismo, una “Fuerza de Atracción” Debido a esta energía física, en la que se convirtió el Amor Consciente en esta etapa de su Autorrealización, estaría obligado, por sus propias leyes, a unir a los átomos y a las moléculas dispersas, con lo que se inició su evolución que, con el paso del tiempo y por la presión exterior de esas masas, se produjeron grandes temperaturas, explosiones, etc., dando lugar a la formación de nebulosas, soles, y todas las constelaciones del Universo, en cuyo interior, debido a esas presiones y por sus radiaciones, se formaron los elementos de nuestro mundo físico: los metales, los ácidos, la materia y los elementos inanimados, el escenario para la vida, que tenía que producirse forzosamente con la evolución de la “Conciencia perdida” del AMOR PURO, en el camino hacia su recuperación. Ese cambio cualitativo de Atracción Física a Atracción Afectiva, que tenía que surgir dentro de los elementos físicos y químicos que empezarán a sentir, para muchos científicos puede parecer enigmático, misterioso e inexplicable, sin embargo, siguiendo las consecuencias de nuestra hipótesis de que: el substratum de toda la EXISTENCIA es el AMOR, es una ley intrínseca que el Universo manifestado debe ser la Autorrealización de su Naturaleza, que partiendo de su estado Consciente, al perderla en el acto de iniciar su Realización, tendería a recuperarla y ese deseo sería el que dirigiría su evolución, siendo natural que de una Atracción Inconsciente y Física pasara a un grado más sensible y más consciente, que se detectaría ya en los microorganismos, los primeros protagonistas de nuestra biosfera, desarrollándose a través de organismos más complejos en vida vegetal y animal, aunque, aún a nivel Instintivo pero ya en una Atracción Particular e individualizada, para llegar a ser dentro de la vida humana, en cierto grado, Consciente de su Naturaleza. Todo este supuesto proceso, que además refleja nuestro Universo en su evolución, se basa en este hecho, y los nuevos elementos y entes que entran en el escenario, y forman parte del gran conjunto, obtienen sus formas y papeles según la Voluntad intrínseca del AMOR PURO, de llegar a su punto de partida y recuperar su Conciencia. (ver HOJAS nº 2 y 3 del Anexo) Por eso la “evolución” no tiene nada que ver con la selección natural y con las mutaciones, para la aparición de nuevas especies, sino que éstas nacen por las combinaciones de energía dirigidas por la Fuerza Creativa, portadora de la Voluntad de la Naturaleza única e inherente del AMOR PURO. No se forman las especies, unas de otras, por los cambios en el medio ambiente, costumbre en sus vidas, necesidades ni por azar, como algunos biólogos imaginan, sino que evolucionan como los diferentes tonos de sonidos en una obra de música, que entran y salen con el paso del tiempo, no partiendo el uno del otro por azar sino exclusivamente obedeciendo a la Fuerza Creativa del Autor. Esta similitud es valida también en otros campos de la creatividad humana; los colores y formas que representan los cuadros de un pintor existían ya en su mente como idea antes de realizarla, y asimismo la idea de un arquitecto, escultor, poeta, etc., existía antes que sus correspondientes realizaciones. En cada caso, tanto en los detalles como en el resultado final, obtuvieron su forma obedeciendo a la Fuerza Creativa concentrada en la Idea. Este hecho, de que algunos hombres logran crear obras que en su esencia reflejan los mismos principios que la evolución de nuestro mundo tangible, demuestra que, las actividades creativas de estos hombres están guiadas con la misma Fuerza Creativa que dirige la evolución del Universo. Que este principio no esté tan claramente expresado en las actividades humanas como en las leyes físicas que aseguran la formación de los elementos inanimados del Universo, y en las leyes biológicas de los seres animados que, excepto en el hombre, a través de sus instintos aseguran su desarrollo y comportamiento, es debido a que en el hombre la naturaleza del AMOR PURO ha recuperado tan elevado grado de su Conciencia, que ésta ya no es pasiva y latente como en los otros organismos que están por debajo de su nivel, sino que es de igual fuerza que su Instinto, causándole el problema de poder vivir su justa naturaleza. Aunque ese estado especial del hombre le causa la dificultad de adaptarse espontáneamente con la vibración del Universo, como lo hacen los animales, y está condenado a hacer algunas veces el mal uso de su privilegio de tener Conciencia y de equivocarse, causando daño con su comportamiento y actividades al equilibrio del Universo y a él mismo, no obstante, todo este aparente defecto es en su beneficio, ya que sólo de esta manera le es posible sentir la libertad para sus actos. Si el hombre hubiera sido como los otros animales, un ser predominante instintivo, sus actividades y comportamiento hubieran sido perfectos y él disfrutaría un bienestar a través de su vida, pero no sería consciente de ello y no podría hacer nada contra su destino, todo sería preestablecido y mecánico y por eso perdería su valor, y si él hubiera sido la Conciencia Absoluta disfrutando conscientemente la perfección de su Naturaleza, sabiendo que esa Naturaleza es única e intrínseca, perdería también su valor, es por lo que cuando el AMOR en su evolución llega a este estado, a su PUREZA, inmediatamente inicia de nuevo su Realización. Mirando así la vida del hombre y sabiendo que, a pesar de sus dificultades, también existe para él la posibilidad de encontrar su verdadera naturaleza, y quienes lo han logrado se han convertido en seres magníficos con una gran sabiduría, sensibilidad artística, de expresión profunda con sencillez y comportamiento justo y bondadoso, él se entusiasma de su privilegio y grandeza y descubre que estas personas, en realidad, eran la personificación del AMOR PURO, los únicos seres quienes merecerían el nombre de Dios, y sin embargo, no han hecho nada más que llevar sus dos naturalezas, la instintiva y la espiritual, de las que está compuesto, a su justo equilibrio. (ver HOJA número 2 y 3 del Anexo) Estos argumentos, uno basado en la Intuición personal y el otro tomando en consideración ésta sólo como hipótesis, parecen llegar a la misma conclusión de que: Dios, cuando se personifica, es el hombre en su estado perfecto, y la especie humana es la punta de la cuña en el proceso de la evolución de la recuperación de la Conciencia perdida del AMOR que avanza hacia su PUREZA y su Real Naturaleza, guardando muchas nuevas sorpresas para su futuro, pero consciente él mismo que, los nuevos seres que entrarán en el escenario para sustituir al hombre y representar la nueva punta de la cuña de su evolución, serán más etéreos, más espirituales y más conscientes de su Real Naturaleza, para fundirse finalmente con ella, con el AMOR PURO. (ver HOJA Nº 1 del Anexo) Madrid,21 de Maqo de 2013 Francisco Z. Lantos Doctor Arquitecto

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