12 oct. 2011

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ARQUITECTURA DE NUESTRO PROXIMO FUTURO

La arquitectura por regla general se practicaba y enseñaba como edificios singulares o como  conjuntos urbanísticos de distinta índole, pero muy pocas veces se presentó la ocasión para extender el campo de la arquitectura a nivel poblados o ciudades enteras. Generalmente los asentamientos humanos (ciudades y poblados) se desarrollaron sin un plan específico como una unidad arquitectónica en cuya composición urbanística los edificios singulares formarían parte como complemento en esta envolvente obra subordinados a la idea básica como los ladrillos y otros elementos constructivos a los edificios singulares.

Para evitar que el producto final, el poblado o la ciudad a falta de este plan urbanístico no acabase en un conjunto desordenado y caótico tenía que existir una ideología común y viva que unía las ideas y pensamientos de los hombres de las sociedades dentro de las que se realizaron los edificios singulares y marcaba las pautas y actividades de los mismos.

Este hecho está demostrado en la historia de la conducta y actividades de la humanidad y tomando como ejemplo la cultura cristiana vemos que en la Edad Media, cuando existía una fe indudable y exagerada en la religión cristiana, esta ideología compartida por todos es lo que definió tanto la estructura, distribución y forma del desarrollo de sus poblados y ciudades como de los edificios singulares.

Esta ideología viva y compartida es la que no necesitaba ninguna clase de normas urbanísticas u ordenanzas municipales para asegurar que el producto final, la ciudad, refleje con su estructura y forma esta idea y quede asegurada su unidad arquitectónica. Naturalmente, el valor de esta arquitectura y su capacidad de satisfacer y fomentar las justas e intrínsecas necesidades de la naturaleza psico-somática de la especie humana dependerá del acierto de cada ideología, religiosa o filosófica sobre el mundo y la vida, con la Verdad, que como se demostró en los tiempos posteriores de la Edad Media, esta ideología religiosa por su exagerada atención a las necesidades espirituales a costa de la necesidades materiales de nuestra naturaleza psico-somática era errónea y no era capaz de satisfacer sus justas e intrínsecas necesidades, lo que refleja el gran contraste entre los edificios sacros, dedicados a Dios, el único monumento construido con gran lujo que domina las ciudades o poblados tanto dentro como desde fuera y de los edificios para sus casas con unas distribuciones incómodas, falta de higiene, construido con materiales baratos en calles estrechas sin infraestructuras urbanísticas, sin suficiente luz ni ventilación.

Una vez descubierto a través de las contradicciones entre esta ideología y la realidad su falsedad, con una lenta evolución esto se cambia, completando el interés hacia las necesidades espirituales de nuestra naturaleza con los intereses hacia las necesidades materiales también, logrando en el siglo XV, en la época del Renacimiento, establecer una “filosofía del mundo y de la vida” que al respetar de igual manera las necesidades espirituales como las instintivas de nuestra naturaleza especial humana se ha demostrado ser acertada y su correspondiente arquitectura tanto a nivel de edificios singulares como en su total desarrollo, como asentamientos humanos (ciudades y poblados) eran capaces de satisfacer y fomentar las justas e intrínsecas necesidades de nuestra naturaleza especial humana.

Durante esta época que duraba 250-300 años, tampoco era necesario, ni faltaban planos urbanísticos ni leyes y normas urbanísticas ni ordenanzas municipales para asegurar el ordenado y definido desarrollo de las ciudades y poblados que se construyeron a lo largo de estos años, según sus crecimientos de edificios singulares.

Empero, como esta acertada y justa “filosofía del mundo y de la vida”, con la Revolución Industrial, que empezó en Europa en el siglo XVIII, al experimentar una mejora de vida a nivel económico empieza a cambiarse otra vez y en esta ocasión, contrario de lo que existía en la Edad Media, el interés de los hombres ahora se centra en las necesidades materiales de nuestra naturaleza psico-somática, y con el abandono de las exigencias espirituales de la misma, en estos tres siglos pasados, hemos llegado  a destruir esta justa “filosofía del mundo y de la vida” y convertir a los hombres de nuestras sociedades en unos hombres espiritualmente vacíos, sin ninguna ideología definida y compartida, excepto en la coincidencia de una demanda materialista de consumo en cuyo intento de satisfacerlo se ha causado el desastroso desarrollo de nuestros asentamientos humanos (ciudades y poblados).

Si tomamos en consideración este hecho y los otros males que han surgido como consecuencia de esta falsa “filosofía del mundo y de la vida” y de la falta de una ideología viva y compartida por los hombres de nuestras sociedades, entre los que lo más grave es la desenfrenada y anormal expansión demográfica, que hoy con sus 6.000 millones de habitantes es 30 veces más, pero que según las estimaciones de las Naciones Unidas, esta cifra para el año 2050 puede llegar a la cantidad de 10.000 millones, lo que significaría 50 veces más de la que existía en la época de Jesucristo, que además hoy, 1.000 millones de personas no tienen hogar, lo que significaría la necesidad de construir sólo por esta falta y por el anormal aumento de la población del mundo en los próximos 50 años tanto volumen de construcción como el que tenemos actualmente, y si consideramos que por falta de esta justa y compartida “filosofía del mundo y de la vida” de estos tiempos desde la Revolución Industrial nuestros asentamientos humanos (ciudades y poblados) se han desarrollado de manera muy caótica, formando unas indefinidas y desordenadas conurbaciones y monstruosas y deshumanizadas Metro y Megaciudades con unas extensiones de 30-80 km. de diámetro y muchas de ellas de 5-30 millones de habitantes, dentro de las que sus habitantes no pueden realizar sus vidas en plenitud y obtener su bienestar y felicidad, es lógico que no podemos permitir que este nuevo y enorme volumen de construcción que tenemos que realizar en los próximos 50 años se continuarán enganchando arbitrariamente a estos indefinidos y monstruosos “laberintos” sino que tenemos que aprovechar estas necesidades surgidas por la falta de una justa “filosofía del mundo y de la vida” y extender el campo de la arquitectura a su forma total que son las ciudades y poblados y basado esto en la justa “filosofía del mundo y de la vida” que hoy no existe pero que tiene que encontrar el arquitecto quien se atreve hoy a practicar su profesión.

Como lograr este propósito con la masificación de nuestras escuelas de arquitectura y universidades y la necesidad de preparar arquitectos con conocimientos artísticos y técnicos para poder realizar sus trabajos en la práctica, pero como para marcar las pautas y principios para esta nueva arquitectura tampoco necesitamos que todos tengan esta formación, éstos tendrían que ser seleccionados entre los jóvenes arquitectos inquietos y preocupados por nuestro futuro, quienes además de esto hayan demostrado una gran capacidad creativa y sensibilidad artística, y reunidos 20-25 de ellos en una escuela tipo pitagórica, que durante un ciclo de 3 años dedicarán sus estudios a la búsqueda de esta ideología y su correspondiente expresión arquitectónica en su extensión total como ciudades y poblados.

Una vez obtenido este más amplio papel de la arquitectura en las construcciones y elaboradas soluciones concretas por estos nuevos Maestros de arquitectura tendremos ejemplos positivos para la arquitectura de nuestro próximo futuro.

Madrid, 16 de Julio de 2002
Ferenc Z. Lantos

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