16 oct. 2013

El desinterés del hombre contemporáneo hacia valores morales, espirituales y culturales, cambiando estos por intereses materialistas, actividades vulgares, drogas, sexo, y violencia:

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El desinterés del hombre contemporáneo hacia valores morales, espirituales y culturales, cambiando estos por   intereses materialistas, actividades vulgares, drogas, sexo, y violencia: Desde finales del siglo XVIII, con el surgimiento de la  revolución industrial, nuestra civilización entra en su época de contradicciones, que con el paso de tiempo aumentan y se manifiestan cada vez con más claridad, extendiéndose todos los campos dé nuestras civilizaciones. Es muy conocidos por todos que, a pesar de nuestros avances técnicos, la situación económica en el mundo es mucho peor que antes.Podríamos extendiendo los ejemplos de las contradicciones entre nuestras ideas y la realidad, pero no es necesario, porque cuando ocurre esto afecta desde lo más insignificante de nuestras actividades y comportamientos hasta lo más complejo, y por eso quizá no resulta tan fácil su reconocimiento. Lo importante aquí no es apuntar todas estas contradicciones, sino encontrar la causa real de éstas, porque de ello depende la posibilidad la curación de nuestros males, ya que para eliminar cualquier enfermedad, el primer requisito es tener un justo diagnostico.
 Haciendo esto y basándonos en el hecho de que el hombre contemporáneo, en cualquier campo de sus actividades, se mueve con la intención de hacer bien su trabajo, y de que este, a pesar de todo, sale mal, nos demuestra que la causa de estos males es el hombre mismo, y sus errores y equivocaciones, en cierto modo están relacionados con su propia y especial naturaleza humana.

 Este descubrimiento, que nos presenta la solución del problema muy sencilla, desgraciadamente no es así, porque no hay tarea más difícil para el hombre que llevar sus dos naturalezas, la espiritual e instintiva, en justo equilibrio, y más cuando como hoy éste se encuentra en su extremo estado de desequilibrio como consecuencia de negar durante mucho tiempo la existencia de su espíritu y perder por esa actitud suya su sensibilidad artística, su capacidad creativa, sus visiones transcendentales, y encontrarse incapacitado para tener pensamientos universales. Sólo quien ha descubierto y sienten la Verdad están protegidos de no equivocarse, y sólo estas personas tienen derecho de dar consejo y comunicar sus mensajes a sus congeniares, sin importar que estos tengan o no título universitarios, porque para resolver este problema no son conocimientos fragmentarios lo que necesitamos, justamente que nos ha causado esta negativa situación, sino conocimientos captados e intuidos a través del perfecto estado psicosomático de nuestra naturaleza, única puente hacia la Verdad Absoluta y fuente para captar sus ondas y poder vibrar con ellas.

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