22 mar. 2015

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Este repentino acontecimiento negativo que afecta con tanta fuerza a todos los países del mundo, siendo el tema la economía, todo el mundo espera que nuestros economistas sean los que encontrarán la solución que resolverá los problemas y restituirán otra vez el equilibrio económico.

Esta postura, a primera vista parece lógica y nuestros economistas con sus mentalidades analíticas y una formación especializada no son ni capaces de pensar de que en nuestro mundo nada ocurre al azar, sino que siempre hay una causa fundamental para cada acontecimiento, especialmente para la conducta y actividades  de la especie humana, que debido a su naturaleza especial y única, a diferencia de las otras especies animadas (animales) que componen nuestro mundo y que sólo poseen instinto, el hombre, además de instinto posee también conciencia ( a lo que llamamos espíritu y alma), por lo que, mientras la conducta de los animales es constante y preestablecida, la conducta y actividades del hombre, aunque físicamente parecen idénticas, éstas nunca son constantes ni preestablecidas, sino que dependiendo de la valoración y atención sobre una u otra parte de su naturaleza él puede tener 3 posibilidades de realizar su vida: 1/ puede sobrevalorar su parte espiritual a costa de su parte instintiva, como ha ocurrido en la época arcaica de la antigua cultura de Grecia y en la Edad Media de nuestra cultura cristiana, 2/ hacer lo contrario, como ha ocurrido en la época del Helenismo de la antigua cultura de Grecia y que está ocurriendo desde la Revolución Industrial en nuestras civilizaciones, extendiéndose esto ya por todas las partes de nuestro planeta y 3/ lograr establecer el justo equilibrio entre la parte espiritual e instintiva de su naturaleza especial humana, caso que ha ocurrido en la época clásica de la antigua cultura de Grecia y en el Renacimiento de nuestra cultura cristiana.

El resultado de estos tres estados de la naturaleza del hombre expuesto en la hoja nº 4 del Anexo demuestra que sólo cuando el hombre logra establecer el justo equilibrio entre la parte espiritual y la instintiva de su naturaleza es cuando puede obtener su perfección humana y cuando puede, como lo hacen los otros seres animados (animales), adaptarse con su conducta y actividades a las Leyes de la Naturaleza y evitar con ello perturbar su ordenado y armonioso desarrollo y de causar ningún tipo de males. Encontrándonos hoy, debido a nuestra “filosofía materialista del mundo y de la vida”, en el estado degenerado de nuestra naturaleza psicosomática y guiada nuestra conducta con esta falsa filosofía, nuestros males no están aislados unos de otros ni fortuitos, sino causados por esta errónea ”filosofía del mundo y de la vida” y que mientras no logremos establecer nuevamente el perfecto estado de nuestra naturaleza psicosomática y con ello la justa “filosofía del mundo y de la vida” ninguno de nuestros males van a desaparecer.

Este hecho lo demuestra la historia de la conducta y actividades del hombre expuesta gráficamente en la hoja nº 4 del Anexo, según el que sólo se producen males cuando el hombre se aleja del perfecto estado de su naturaleza especial humana hacia uno u otro lado de sus posibilidades, los que sólo puede eliminarlos no tratarlos directa y aisladamente como un hecho dado sino restableciendo el justo equilibrio perdido de su naturaleza psicosomática. Esta exigencia, en el caso de su exageradamente espiritual “filosofía del mundo y de la vida” para obtener su justa “filosofía del mundo y de la vida” que tenía en la época arcaica de la antigua cultura de Grecia y en la Edad Media de nuestra cultura cristiana, se logró con un lento proceso evolutivo, cundo se anularon sin ninguna intención especial sino de manera natural y espontánea todos los males producidos por aquella errónea “filosofía del mundo y de la vida”, sin embargo, en el otro caso en el que nos encontramos también nosotros, el cambio de la errónea “filosofía del mundo y de la vida” no era posible obtener por una vía evolutiva, sino que se acabó de forma abrupta y destructiva que servía para nacer una nueva ideología que en este caso la pronunció Jesucristo con lo que se abrió un nuevo camino para las futuras generaciones y que es nuestra cultura cristiana.

Aprendiendo de este caso histórico de nuestros males, para que la crisis económica mundial se desaparezca, tendría que eliminarse al mismo tiempo nuestros innumerables e interrelacionados males que han surgido precisamente por el erróneo modo de vida de los hombres de nuestras civilizaciones, entre los que los más graves que afectan directamente la crisis económica mundial es el desenfrenado y antinatural crecimiento de la población del mundo que hoy es, con sus 6.400 millones de habitantes, es 32 veces mayor que la que existía en la época de Jesucristo, pero que según las estimaciones de las Naciones Unidas, esta cifra para el año 2050 puede alcanzar los 10.000 millones o sea 50 veces mayor, y el antinatural consumo de energía de nuestras sociedades materialistas, extendido ya por todas las partes de nuestro planeta  que para el año 2050 puede llegar a ser 3-4 veces más por persona que la que existía en la época de Jesucristo, que multiplicando estos dos factores 50 (aumento de la población del mundo) por 3-4 (aumento del consumo de energía por persona) nos daría 150-200 más consumo de energía que el que existía en la época de Jesucristo en el mismo tamaño del planeta, que es prácticamente el doble de lo que existe actualmente, lo que realmente ha causado, entre otros muchos males, la crisis económica mundial, y para subsanar este problema tendría que cambiar el hombre su modo de vida, que mientras no logre establecer el justo equilibrio entre la parte espiritual e instintiva, cuando bajo influencia de su justa “filosofía del mundo y de la vida” encontrará su felicidad no sólo en las posesiones materiales sino en alimentos espirituales como el amor, la contemplación de la belleza producido por la naturaleza y creaciones artística por artistas, cosas que no cuestan dinero ni que contaminan nuestro medio ambiente, y al alcanzar la perfección de su naturaleza recuperará su capacidad creativa, sensibilidades artísticas y con nuevas jerarquías de valores sus quehaceres se adaptarán más a las Leyes de la Naturaleza, desarrollando sus nuevos tipos de conocimientos los que realmente necesitará tanto la especie humana como el mundo dentro del que realiza su vida.

El resultado de estos nuevos tipos de necesidades para que el hombre obtenga su felicidad, como se completarán éstas con prácticas espirituales, sus exigencias materiales se disminuirán, a las que nuestro planeta podría satisfacer, eliminando así, sin la necesidad de intervención de nuestros especialistas, el problema de nuestra crisis económica.

Madrid, 15 de Diciembre de 2008
Ferenc Z. Lantos

NOTA: ESTE ENSAYO EXPUESTO EN EL NÚMERO 14 DE LA REVISTA ANUAL “MENSAJE” DE MI CENTRO DE INVESTIGACIÓN, AL NO SER POR RAZONES ECONÓMICO, PUBLICADO , COMO SU CONTENIDO ES PARA NUESTRO TIEMPO ACTUAL, HE DECIDIDO EXPONER NUEVAMENTE EN MI BLOG.

Madrid 22 de Marzo de 2015
Francisco Z. Lantos

Doctor Arquitecto

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