9 abr. 2013

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LA DESTRUCCIÓN PLANETARIA ES INEVITABLE Una mirada al diagrama del crecimiento de la población y del consumo de energía mundial nos demuestra claramente su desarrollo antinatural y peligroso desde el comienzo de la Revolución Industrial, desde finales del siglo XVIII, de cuya consecuencia la población del mundo hoy es 30 veces y el consumo medio de energía es 3-4 veces mayor que tenía el hombre en la época de Jesucristo. Experimentando los innumerables y entrelazados males, tales como la contaminación del aire, agua y tierra, la destrucción de nuestro medio ambiente, la formación de nuestras grandes, caóticas y deshumanizadas Metro y Megaciudades, dentro de las que reinan el caos, fealdades, ruidos insoportables, contaminaciones de todo tipo, inseguridad ciudadana, desempleo, injusticia social y toda clase de vicios y crímenes, y tomando en consideración que esta tendencia de crecimiento y modo de vida aún no ha llegado a su techo, sino que, según las estimaciones de las Naciones Unidas, se espera que la población del mundo en el año 2050 puede alcanzar la cifra de 10.000 millones, y el consumo de energía sobre la totalidad de la población mundial puede llegar a ser de 3-4 veces mayor que la que ha tenido el hombre en la época de Jesucristo, esto significaría 50 x (3-4)= 150-200 veces mayor consumo de energía sobre el mismo tamaño del planeta y con la misma capacidad energética y que es más del doble de lo que consumimos hoy. Este asombroso dato tenía que ser suficiente prueba de que esta antinatural presión de consumo de energía no la puede soportar nuestro planeta y todos los infundados argumentos de que para esta fecha el hombre encontrará la solución deseada y necesaria, no es otra cosa que ignorancia y el peor autoengaño que sólo servirá para alargar momentáneamente la inevitable catástrofe y destrucción planetaria de las vidas que la componen. Aceptando este falso optimismo puesto en la ciencia y en la tecnología para encontrar fuentes de energía limpia, uno tiene que preguntarse ¿Por qué tarda tanto su descubrimiento e introducción, cuando sólo tenemos 40 años de crear nuevas energías para satisfacer las nuevas demandas, que por el aumento de la población del mundo y del consumo de energía, se duplicará durante este corto espacio de tiempo? ¿Qué pasará con nuestros coches, autobuses y otros tipos de trasportes, los aparatos de calefacción y el aire acondicionado de nuestros edificios, las industrias y fábricas, que para su mantenimiento usan materias contaminantes, como madera, gasóleo, carbón, gas, energía atómica, etc., cuando estas materias, ante esta gran demanda desaparecerán y la introducción de esta nueva energía limpia todavía tardará en aplicarse? ¿Qué haríamos con nuestros automóviles y otras máquinas de transportes e industriales que quedarían sin combustible para su uso? ¿ Cómo nos comunicaremos y viviremos en nuestras monstruosas y deshumanizadas Metro y Megaciudades en las que se concentrarán el 75% de la población mundial y que tendrán 5-30 millones de habitantes y una extensión de 30-80 Km., sin suficiente energía para mover los vehículos de transportes y encender las máquinas de calefacción y de aire acondicionado? Empero, estos previsibles males no son nada en comparación con los aún imprevisibles e inimaginables males que surgirán progresiva mente con el paso del tiempo, como las nuevas plagas y terribles enfermedades incurables, de los que el SIDA y el crecimiento de la infertilidad son sólo un aviso, que para restablecer el justo y ordenado desarrollo de nuestro Mundo Manifestado, perturbado por el erróneo comportamiento del hombre contemporáneo, la Naturaleza está obligada a intervenir, limpiando y eliminando los elementos intrusos. Esta solución drástica, donde la especie perturbadora del ordenado y armonioso desarrollo de la Naturaleza, es un clase animal, como las langostas, que no son capaces de intervenir en el proceso de su desnaturalización y acaban autodestruyéndose, no es necesario que ocurra con la especie humana, que al poseer una facultad de raciocinio, con la que es capaz de juzgar y valorar los acontecimientos a su alrededor y obtener así su libertad para su comportamiento y actividades, descubriendo que la verdadera causa de todos los males de su época es su erróneo modo de vida, tendrá la llave para el justo camino para buscar la solución necesaria para evitar esta drástica y terrible solución destructiva que le esperará si continua pasivamente hasta el final con su erróneo modo de vida. Quienes por sus inquietudes y observando nuestras contradicciones han seguido este camino, y en su búsqueda han encontrado la verdad dentro de sí mismos, han descubierto que la causa de todos nuestros innumerables y entrelazados males es nuestra exagerada y materialista "filosofía del mundo y de la vida" que ha destruido el justo equilibrio entre la parte espiritual y la instintiva de nuestra naturaleza especial humana, que es la condición indispensable para que el hombre pueda (como los otros seres por debajo de su nivel) vibrar al unísono con las Leyes de la Naturaleza y adaptarse de manera natural y espontánea a sus principios, anulando así, sin darse cuenta de ello, todos nuestros males. Introducir este cambio en la práctica significaría un cambio evolutivo que podría salvar nuestro mundo de una destrucción planetaria que nos esperaría si intentáramos seguir con nuestro erróneo modo de vida y escondernos detrás de un falso optimismo en nuestras ciencias y tecnologías que poco más pueden hacer de lo que han hecho ya. Madrid, 29 de Diciembre de 1998 Francisco Z. Lantos Doctor arquitecto NOTA: Este ensayo expuesto en el número 8 de la revista anual Mensaje de mi Centro de Investigación siendo mi teoría hoy aún valida he decidido exponerla nuevamente en mi Blog. Madrid 09 de Marzo 2013 Francisco Z. Lantos

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